Hoy, día 10 de octubre, es del día mundial de la salud mental. ¡Qué gran oportunidad para recordarnos a todos lo necesario que es tener la cabeza amueblada, los cubos de basura vacíos y el corazón y la conciencia en paz! La verdad es que lo percibo, este día, como un chiste malo: porque es como recordarle a un palestino que es muy necesaria la paz; a uno que padece hambruna, como los palestinos, que hay que comer, al menos, tres veces al día: como describir lo cegadora que es la luz del sol a un ciego….

“La salud mental es un estado de bienestar emocional, psicológico y social que permite a las personas afrontar la vida, trabajar de forma productiva y contribuir a su comunidad. Afecta la forma en que pensamos, sentimos y actuamos cuando enfrentamos la vida. También ayuda a determinar cómo manejamos el estrés, nos relacionamos con los demás y tomamos decisiones.”

En esta realidad tan desquiciada y deseosa de reescribirla en función de los valores que pretenden ningunear al individuo, poniéndolo por debajo de la dignidad para situarlo como mero consumidor, la salud mental se antoja un imposible. Cuando te ofrecen la salud a través de la ingesta de píldoras y tratamientos milagro, te cuesta adivinar cuál es el camino a seguir.

Lo que sí está claro es que la salud mental te aporta equilibrio. Este, te da perspectiva y criterio. Por eso es tan importante quitarle valor. Un individuo débil mentalmente, es más manipulable.

Que no nos falten los problemas. Pero tampoco la voluntad de ser, en todo momento, libres y felices: como Dios manda.