Pues eso: que dependiendo de quién esté narrando el cuento, así transcurrirá la trama. Cómo cuenta el árbol caído el batacazo o lo que vieron sus leñosos compañeros. No es baladí la cuestión pues tiene importantes connotaciones.

Por ejemplo: hoy conducía por una rotonda, glorieta o traffic circle; cuando iba a salir de ella por una de las avenidas adyacentes, te encuentras un semáforo y un resalte que lo acompaña que parece un mirador en medio del valle. Allí, al lado del semáforo, había una señora con prisa. El indicador luminoso le prohibía el paso y me lo permitía a mí. Pero, ni corta ni perezosa, echó a andar; pité haciéndola consciente de su infracción y su falta de respeto a las señales. Se enfadó bastante, pero no tuve tiempo de leer en sus labios si se cagaba en los muertos de mi padre o de mi madre.

Hay varias alternativas para describir este urbano paisaje. El primero que me salió, así, insultante y grosero, fue pensar: “mira la gorda que abusa, no respeta y encima se enfada: manda güevos”. Ella, en este orden de cosas, pudo pensar (estoy fabulando porque no leo la mente de las señoras que esperan en los semáforos) “ese gilipollas diciéndome lo que tengo que hacer: como si no lo supiera. Si es que no hay educación…”

Si lo hubiera llevado como ha de ser, habría pensado: “La señora no se ha dado cuenta de que estaba verde para mí. Espero que no tenga ningún percance; quizá se dejó las gafas de ver en casa…” Y ella pudo plantearse en su interior: “me he despistado y casi cometo una falta; no sólo eso: Podría haberme puesto en peligro. Menos mal que me ha avisado ese señor mayor que conducía…”

Todo sin acritud. Sin insultos. ¿Te imaginas?

Vuelta la mula al trigo: hablaremos de educación. De la facilidad que tengo de hacer un arma arrojadiza el aspecto de las personas: gordas, feos, contrahechos; tartajas, con necesidades especiales; todas son munición para describir la realidad violentamente. Y no sirve para nada. Según y cómo contemos la película, así será el final: mal educado o, constructivamente, todo lo contrario.