
La capacidad del ser humano para hacer propuestas es increíble. Me parece que la creatividad a la hora de enfocar, desde puntos de vista distintos, se renueva con cada generación. En esa misma línea advierto que hay ciertos temas en los que parece haberse perdido ese sutil intelecto: y es en aquellos en los que se usan las mismas soluciones: con lo que, a la vista está, no hay evolución posible. Me estoy refiriendo a los problemas a nivel planetario, en los que la guerra siempre es una solución sobre la mesa. Eso, habla de la incapacidad para ir más allá de uno mismo en aquellos que andan jugando con armas…
Hoy había una noticia en la que habían matado a unos voluntarios de una ONG que andaba alimentando al hambriento pueblo de moda. Hay mucha gente muriendo de hambre, pero les ha tocado a ellos. Y es que, el meollo de esta reflexión es que somos muy capaces de sumarnos a proyectos solidarios que dan respuesta a coyunturas concretas. No diré que el hambre es una coyuntura porque es una necesidad: pero lo es como consecuencia y no como causa.
Fragmentado. El mapa de la solidaridad y del cuidado del planeta parece el patio de banderas de cualquier organismo internacional. Símbolos de acciones justas y necesarias: pero muy débiles pues este empeño taifa en que quede claro quién es el promotor, para mayor gloria de su empeño y refuerzo de su autoestima, es un canto a la debilidad. Y me dirás, como Galileo, que, sin embargo, se mueve: que hay algo trabajando. Pero te invito a pensar si, como dijo el poeta, es la libertad rodeo que va dando la cadena, esta fragmentación no es una soga al cuello.
Los propósitos unipersonales, el proyecto de un solo hombre, prueban la sensibilidad del ser humano para crear y arrastrar a muchos iguales a buscar el bien. Pero muchos de ellos, mueren con el padre de la idea. El producto se degrada y la organización colapsa tras breve lapso de tiempo.
El individuo más trascendente de si es Jesús de Nazaret. Propone desde la individualidad un proyecto que ampara a todo viviente: sin nombres ni medallas. No hay banderas. Sólo el Reino de Dios y su justicia. Una justicia que es para todos y un Reino en el que no hay religiones, no hay ideologías… Lo que propone es acoger y amar. Todos incluidos: sin fundadores: sin héroes.