México-es-segundo-lugar-en-desigualdad-OCDEY nazco y lloro. Tengo hambre y lloro. Tengo frío, sed; lloro y grito porque no estoy bien.

Me revuelvo. Aprieto los dientes. Amenazo con mis manos. Quiero lo que quiero y lo quiero ya. Como, duermo, juego, sueño; estudio, amo, me someto: Hago lo que esperan de mi.

Se me retuercen las tripas. Y como. Devoro todo lo que se me pone por delante. A dentelladas quiero apagar este incendio, este infierno que tengo en las entrañas y no me deja…

Y trabajo y creo y muero y resucito. Los rescoldos vuelven a la vida con más virulencia, más violencia. Compro. Compro. Pero no afloja.

Como antaño, “devora mis entrañas fiero”;

Engordo y grito. Me está cambiando el metabolismo. Pero no estoy bien. No es un bálsamo. No me ayuda. Y vuelvo a comer para callar esta furia que me arrastra a las preguntas. Pero hay una sola que me mantiene en pie y no me deja: ¿Mi vida es sólo esto?

Ganar dinero: ¿Sólo esto?
Tener hijos: ¿Sólo esto?

¿Sólo esto? Todo se queda en mi.

¿Sólo esto?