
Hay un monólogo de “Les Luthiers” que dice así: “El trono o María. Al fin y al cabo, el trono lo quiero para posarme sobre él y realizar mis deseos: los más sublimes y los más perversos. En cambio, a María la quiero para… ¡Caramba, qué coincidencia!
Si hubiera algún país, entre los que llamamos occidentales, que tuvieran como brújula moral a Dios, estaría más crucificado si cabe. (jajaja). Si le das un par de vueltas, observas que no sería viable, pues han variado mucho las condiciones sociales.
Las condiciones sociales. Esas que otros dioses se encargan de hormigonar para que sean inmutables. Aquellas que condenan en nombre de una deidad que ama a sus hijos, que busca la paz, bla, bla, bla… Y te das cuenta que, las teocracias, favorecen a los que gobiernan. En este caso, hablaré de Irán. Un país maravilloso, con grandes valores, muchísima historia, corruptos a cascoporro como todos los países del mundo (seamos honestos, es una lacra) Desde finales de los Setenta, ahí están: Jomeini y sus cachorros se perpetúan en el poder y no permiten que nada se mueva. Leyes de hombres que favorecen a los hombres y que exigen la virtud que ellos jamás tendrán, a las mujeres;
Una joven ha muerto por no llevar bien puesto el pañuelo por orden de los hombres, pues pueden pensar lujuriosamente. Y, de nuevo, constatas que lo hacen para que ellos no caigan en tentación. En vez de educarse y ser respetuosos, imponen cargas insoportables.
De Irán a España. Me horroriza, como padre, estar acojonado cuando mi hija sale. Temo que un braguetafloja se le acerque creyendo que tiene derecho a tocar porque lleva el ombligo al aire. Será que tampoco son educados e invocan el sagrado mandato divino de “creced y multiplicaos”; o, simplemente, tienen un priapismo estacional, acotado a fines de semana y fiestas de guardar.
No. A la libertad no le viene bien las teocracias. A la libertad, le viene bien la educación: esa, sería una buena noticia para todos.