
Del principio al fin. Ese suele ser el sentido de la existencia. Comenzamos en un punto y terminamos en otro Dios sabe dónde… Eso es para el individuo. Cuando ves que hay tránsitos repetidos, te da por formular teorías del comportamiento. En función de la franja histórica que te toque vivir, antigüedades y novedades coexisten. Y lo que antes fue lo más, ahora es caspa; y se repite, se repite…
Para que eso no ocurra, pintamos las paredes de colores más innovadores, quitamos el gotelé de las paredes y le damos estuco veneciano, que es un clásico que mola ahora mucho: Porque todo vuelve.
Movimiento circular uniforme: Física elemental para explicar la manera de tener entretenida a la Humanidad. Para que no parezca que siempre es ir de principio a fin, hacemos que la variedad se dé de forma circular, con desplazamiento en 3D, con lo que la fingida evolución es sólo eso: Movimiento circular: Una espiral en tres dimensiones que tiene un centro común y que desplaza en un infinito giro. Si estiramos el toroide y le damos una rotación en el eje X de coordenadas, se forma el símbolo de infinito.
¿Dónde empieza y dónde termina mi existencia? ¿Es original o es sólo una copia exacta de muchas a las que le han puesto rayas, colores chillones lisos, lunares o cuadros asimétricos? Empeñados en innovar sólo maquillamos la realidad para que parezca que hemos hecho algo.
Preguntar. Preguntarse y dar respuestas con una descarnada objetividad. No somos cerdos, animales de mirada baja a los que se les tapan los ojos con las orejas cuando alzan la testuz.
Ya queda menos.
(Si al símbolo de infinito se le quita el eje Z y, con ello, se transforma en una pieza de dos dimensiones, es una cinta de Moebius)