Han pasado 24 horas desde que se fue el 45º presidente de los americanos. Y una sensación agridulce recorre mi espalda; bueno: es de derrota por los cuatro años tirados a la basura por un inútil. Un ignorante, un payaso con dinero que se ha dedicado a dinamitar la convivencia y ha validado el Bullying como forma de relación en sociedad.

Y es que es muy fácil apelar a las bases, a los que son hechos harina, puré de sociedad, por los ricos; son la basura donde florecen salvajes como el saliente presidente; excusa para los hablarines que defienden que las desigualdades son consecuencia de la presencia de alienígenas, inmigrantes ilegales… Bueno: son lo mismo. Por eso, a los Hillbillies, a los que el sistema ha empobrecido convenciéndolos de que la educación es una pérdida de tiempo y negándoles oportunidades para acceder a ella, son el caldo de cultivo primigenio de una descerebrada revolución. Esta cree que, con violencia y mucho colesterol, se puede llegar hacer un país grande otra vez.

Y la grandeza de un pueblo no se logra pateando un capitolio. Se hace día a día, con constancia, que es una virtud de quienes deciden tras sopesar las posibilidades. Y eso, da una pereza…

Por ello, todos los populismos son perfectos para los vagos: aquellos que quieren una democracia todoacien, con grandilocuentes puestas en escena y mucha fanfarria emocional para embotar el criterio, la inteligencia, la empatía…

Fiar el vínculo a un Dios que embarga nuestro alma y aconseja amartillar las armas. Romerías plagadas de símbolos vacuos que, vagamente, jajaja, nos susurran valores emponzoñados.

Vagos. Vagos. Quien quiera una revolución que perdure, que trabaje, se involucre, crea en la gente y la respete. No hay ofertas en el mercado de la dignidad. El precio es toda una sociedad consciente: sin excepciones.