
La diferencia entre Humanismo y Evangelio es palmaria, palabra muy utilizada últimamente, (Claro, patente, manifiesto). Mientras que el Humanismo es “El sistema de creencias centrado en el principio de que las necesidades de la sensibilidad y de la inteligencia humana pueden satisfacerse sin tener que aceptar la existencia de Dios y la predicación de las religiones y doctrina o actitud vital basada en una concepción integradora de los valores humanos”, el Evangelio es la forma de vida que se mide a través del amor. Tanto te quieres, quiere tanto a los que tienes cercanos: y lejanos. Mientras que el otro pone la fe en los dones del hombre, capacidades contempladas en el Evangelio, por cierto y que depende de circunstancias, a mi juicio, el Evangelio no depende de si llueve o truena: es un sacramento, una decisión para toda la vida.
Esto no significa que no haya dudas, como en el Humanismo, pero hay un efecto inmediato en el Evangelio: si no te hace feliz, si no aporta valor añadido a tus días, no es aquel que predicó Jesús de Nazaret. Es la prueba del algodón, habrá gente que no entienda este chascarrillo; es la resulta de una vida en la que se ha decidido vivir conforme a las Bienaventuranzas y demás familia.
Todo esto nace por la pregunta que me hice esta mañana: ¿Dónde está la Nueva política, el 15-M, la Utopía en ciernes? ¿Qué valores sustentaban el movimiento ciudadano, indignado, insultado por quienes son infectado por el poder en cuanto tocan moqueta?
Y me hizo pensar que la gente que cree tiene un valor que no aporta ni la masa ni el apoyo de los medios. Son fermentos en sus lugares de trabajo, en sus barrios: son tierra fértil, son semillas de verdad, motores de encuentro. Verdad Verdadera.