De la primera conjugación. Podríamos jugar con la palabra. Es el lugar donde hay plantadas Violetas. ¡Qué bonito! Y, si le quitamos la i, sería volar. El sueño del ser humano de despegar del suelo y surcar el firmamento.

Pero no. Es un verbo despreciable. Y, sin embargo, practicarlo está super de moda. Como siempre, apelaré a la RAE. Dice que significa tener acceso carnal con alguien en contra de su voluntad o cuando se halla privado de sentido o discernimiento.

Y puede ser en un parque, en un callejón, en el recibidor de tu bloque o en una nave abandonada. Un ser que cree tiene derecho a decidir sobre otro, obliga, doblega, subyuga: roba la dignidad del sujeto violentado, violado porque sí.

Se puede violar en un seminario, en un convento, en un campo de amapolas o en la torre de la iglesia. El lugar es irrelevante porque lo realmente terrible es que el hecho sea siquiera contemplable en el arco de posibilidades.

Y, si el hecho es atroz, mayor atrocidad es encubrirlo. En nombre de cualquier razón superior, alguien estima que el daño que causaría el conocimiento de tal acto es superior al que ha zaherido al violado. ¡Qué ausencia, que soledad tan brutal la que experimenta quien levanta la mano pidiendo ayuda y no la recibe!

Y estoy hablando de todas, absolutamente todas las violaciones a las que estamos asistiendo casi abúlicos. Que un país invada a otro y lo aplaste, violando la tierra sagrada de los hogares, como si los civiles fueran los culpables, siendo que son víctimas de sus agresores desde tiempo atrás… que un machote quiera descargarse en cualquier incauta… La nausea infinita que siento no la soporto. Y, por la que comencé a escribir el presente texto, la opacidad ante una violación repetida, sistemática y ocultada por quienes tendrían que haberlo denunciado, es un pecado mayor (Razón de Estado).

Y añado una reflexión necesaria: La Razón de Estado es un concepto de la ciencia política empleado, a partir del Renacimiento, no sólo como justificación sino como eximente de respetar los límites de la ética: estima lícito un mal menor si con ello se evita un mal mayor; y entiende como bien mayor proteger la propia continuidad del Estado o la institución.​