
¿En qué momento se estimó adecuado matar o morir por alguien, por un credo o por un ideario? ¿De qué sirve ser mártir si no puedes disfrutar de aquello por lo que das la vida? Sí. Ya sé que he empezado muy fuerte, pero es que limpiar mi casa, planchar, lavar la ropa, hacer la comida… Todas esas cosas tan banales, las tengo que hacer yo. Y no quisiera dejar de hacerlo para pelear en estúpidas guerras, que me impedirán hacerlo. Es tan bonito tener la mesa puesta para cuando llegue la familia…
Y es curioso que, quienes ordenan los ataques, gastan los dineros, insultan la inteligencia, tienen quienes hagan esas labores tan pueriles.
Id vosotros, cabrones, a la guerra. Luchad contra quienes decís que son los enemigos de vuestro país, de vuestro edén, de vuestros nacionales. Pelead con los que hacen lo mismo en la misma dirección y sentido contrario. Quizá, cuando veáis que la cosa va en serio, que morir es para siempre, os acojonéis un poquito y os deis cuenta de que no vale la pena morir por algo que no es tan importante si es tu vida, libertad, el amor de tu gente los que están en juego.
Pagad vosotros, de vuestro bolsillo, ese bolsillo que llenáis con las arcas públicas con cargo al duro trabajo que no hacéis. Pagad con vuestros bienes: cavad la tierra en vez de rellenar formularios, discutid en asambleas en vez de buscar el beneplácito de vuestros lameculos, que viven de lo mismo que vosotros y gracias a vosotros.
Vosotros, siervos, esclavos de los que siempre tienen el poder, tened la valentía de levantar las alfombras y sacar los cadáveres que empozoñan vuestra honestidad pues es lo menos que esperamos quienes hacemos la compra.
Vosotros, serviles mendigos hambrientos de reconocimiento y parabienes, venidos a más: sois víctimas y verdugos. Sí. Y responsables de vuestros actos.