Un medio¿Me apetece o no me apetece? Esa es la dicotomía que observo y a la que me enfrento en multitud de ocasiones. Y veo que es el argumento más aplicado, frecuente, utilizado. Buen razonamiento a la hora de aplicarlo a cuestiones triviales. Pero, en disyuntivas que implican más tripas, más vida… no sé, me parece escaso.

Si te apetece helado de arándanos con roquefort, pues ole tú. Pero no creo que se pueda decir algo como “me apetece ser consecuente, o fiel, honrado, juicioso”. No es cuestión de hormonas ni depende de la presión osmótica. Hay cosas que se deciden, y se viven con la responsabilidad que comporta esa decisión.

Por eso reflexiono. Y no quiero para mí una vida a medias, mediocre. Sin querer faltar y respetando cada ciclo de la vida, pues hay consecuencia, y su posibilidad, en cada época.

No quiero:

– medio café, media tostada.
– Media voz, media canción.
– ni media sonrisa, media alegría.
– Medio abrazo, medio amor;
– La mitad de un hijo, medio parto.
– Medio esposo, media compañera.
– Media vida, media muerte.
– Media gracia, medio Dios.

No quiero apetencias: Sólo consecuencia. Consciencia y no ausencia. Nunca una vida mediocre.

Quiero una vida extraordinaria.