Lo más cercano. Los recuerdos más encarnados. Los sentimientos más genuinos, pues nacieron y crecieron con ellos. Fueran o no verdad. Fueran o no constructivos, estuvieron desde el principio y formaron parte de los cimientos de tu existencia. Son, como la ferralla al hormigón.
Y de la fidelidad más inviolable a la traición más perversa. Sólo hay que dar la vuelta a la moneda para encontrar a tu hermano escondido tras la cara de Judas.
Es la historia de nuestra familia humana. Una buena teoría, la fraternidad; una mejor traición, creer que se puede vivir prescindiendo de alguno; y un acto de contrición, que nos recuerda la esperanza primigenia. Nos refrescan, a través de películas, libros, grafitis que hay algo mucho más feliz que tal vileza. Pero es un parche de morfina, pues parece no estar la fidelidad en nuestro genoma a tiempo completo.
Héroes. Figuras innecesarias cuando cada uno es dueño de su existencia y decide llevarla a su máxima potencia, que no es otra cosa que vivir como si fuera hoy el día más feliz. Gente guapa con maquillaje en la cara, en la ropa, en lo que poseen: Y es sólo eso: Tramoya para atontar al ser que puede vivir en armonía, hoy.
Demasiado barato es el modo de vida que fundamenta relaciones en lo que se tiene. Se tienen sentimientos de felicidad y se pierden. Se recuerdan, se esponja el corazón y vuelta a empezar.
Hermanos. Somos hermanos. Siempre hay un momento para la misericordia. Hastiados de iconos, seamos luces: De cualquier intensidad, pero que sea la consciencia el aceite de nuestra lámpara.