“Teoría o conjunto de teorías cuyo núcleo central se acepta sin cuestionar y que suministra la base y modelo para resolver problemas y avanzar en el conocimiento”.

Y, llevadas a la práctica, se constituyen como leyes inmutables; hay muchos ejemplos: Si se acepta colectivamente un paradigma, se establece como verdad. Si observas con atención, toda la publicidad tiende a crear paradigmas que beneficien al producto que martiriza nuestros sentidos…

  • Pan: Tan sano y natural.
  • Perfumes: Seductores y potenciadores de la autoestima.
  • Comida basura: Motivo de felicidad y encuentro.
  • Vacaciones: Premio para el caballero y la señora.
  • Lo nuevo: Estar a la última.
  • Pañales: Fuente de gozo inefable para lactantes y padres afectados.
  • Tinte permanente para cabello: Salud y fortaleza para tu ego.
  • Blanqueadores dentales: Muestran tu felicidad…

Y tantos ejemplos. Todas son cosas buenas. Y pensaba que si hago un bocadillo de comida basura, que tiene pan sano y natural, le añado un poco de tinte para darle más salud y blanqueante dental para que sea mucho más feliz, probablemente muera envenenado.

Llegados a este punto pregunto: ¿No es acaso el estado en el que nos encontramos en muchas ocasiones? ¿No vivimos en una sepsis permanente a la que nos hemos acostumbrado? Intoxicados por la bondad de tantos excelentes productos, morimos curados, como diría el humorista.

Cambiar el paradigma. Romper la costumbre. Saltar sin red. Transitar caminos nuevos.