Hoy, en las noticias, he vuelto a ver una escena que, por repetida, no deja de ser brutal: un grupo de uniformados ejercían violencia explícita y desproporcionada contra un grupo de manifestantes que protestaban contra una injusticia, un dictador, una crisis… Y la única diferencia entre los sujetos violentos y los que padecían su violencia era la ropa. Probablemente haya gente del mismo pueblo, del mismo barrio. Y, sin embargo, Marte, el dios de la guerra, hace acto de presencia en una posesión grupal que lobotomiza la humanidad y brutaliza al ser humano.

Y siempre me dirán que hay razones para ello: la seguridad, la barbarie que, curioso, posee a los manifestantes que destruyen mobiliario urbano y lanzan contra los uniformados. (no sé si el uniforme es sólo la indumentaria o lo salvaje que los aúna al golpear a quien se manifiesta). Siempre, si en algún momento mi conciencia me grita que lo que estoy haciendo es maltratar a un igual, me diré que, si no lo hago, otro lo hará; que perderé mi empleo, qué se yo… Razones que se las lleva el viento cuando pasa la circunstancia y que, con perspectiva, son irrelevantes. Mas no los muertos.

Servidores públicos que se dejan llevar por el devenir de un monstruo que camina lento; algunos de ellos salvan los muebles, pero el “vuelva usted mañana” o “ya recibirá una notificación” amparados en la burocracia, siguen siendo moneda de cambio. Como si los contribuyentes no fueran semejantes a quienes, tras la mesa, comentan el partido de ayer durante quince minutos. 

Políticos electos que suben sus sueldos cuando cacarearon la bajada desde la oposición; jefes de la oposición que dicen y se desdicen para estar en el candelabro. Perdón: en el candelero. 

¿Y si, como dice la canción, en la impureza perdimos la honestidad? Propongo que tratemos a los demás como queremos ser tratados. Que la estupidez de la masa sea relegada al olvido por la individualidad inteligente, trascendente, amable y educada que sabe que amar al prójimo como a ti mismo es un camino que, aún, no se ha transitado.