La corrección política es una nueva esclavitud a la que hay que someterse cual súbdito pues rinde vasallaje a la corriente de pensamiento dominante. Esta no tiene, necesariamente, que ser un pensamiento sopesado, meditado, contrastado: sólo tiene que ser contrario al pensamiento dominante anterior.

Es una cuestión puramente reactiva. Cuando tengo el poder, yo modelo el discurso de la realidad, obviando las verdades que, como puños, golpean a la ciudadanía. Cuando dejo de tenerlo, es otro quien se pone los guantes y golpea al vulgo. Y retuerce la realidad hasta lo insoportable.

Esto durará poco, tranquilo;

Desde la certeza de mi identidad, mi credo, mi ser… Consciente de lo que me queda de hipoteca, constato que, cuando veo a la gente, certifico que son como yo. No me cuestiono si son republicanos o monárquicos, Si L, G, T, B, I; si son de derechas o de izquierdas, si son ecologistas o negacionistas. Todos tenemos una cuota de elección que nos hace sentirnos a gusto en nuestro pellejo, con la realidad circundante.

No tengo la patológica necesidad de negar al otro para afirmarme yo. No necesita mi existencia la violencia que otros esnifan para que yo exista en plenitud: existo, con independencia de la existencia de otros.

Lo que sí deseo, desgarradamente, con paz y sin ella, es que cada uno viva su vida en plenitud.

Cuando veo gente a mi alrededor, solo veo personas.

Un individuo. Una persona.

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