Ahora.
Ahora que aún puedo leer.
En este instante en el que veo claro.
Ya. Y ya. Cuando siento a pulmón. Cuando estoy vivo.
No dudaré en decirlo: Te quiero.
Más que la sombra que niega a mis ojos.
Mucho más que la angustia de tu ausencia.
Incluso más que la asfixia de la soledad.
Pueden más tus gestos. Mucho más tu voz.
En el preciso instante en el que creo
que hay un muro que arruina tu voz.
Un susurro. Un latido. Una palabra.
La tuya.
Sellados los labios. Derribas. Reconstruyes.
Creas.
Y ya está.
Todo está bien.
Vivo.
De nuevo.