
Este texto quiere ser extremadamente breve.
A todos los que, ufanos, casi con lágrimas en los ojos, arrobados por una incontenible admiración por la obra de cualquiera hijo de Dios.
A todos los que, cargados de razones, elevan a los altares de la excelencia a quienes estiman que son un buen referente porque no son mucho mejores que ellos, para no sentirse mal…
A todos los que utilizan la sinonimia como recurso fundamental a la hora de exponer virtudes que no tienen apellidos, no admiten porcentajes de autenticidad, sino que son verdad: insoportable verdad…
A todos los que han normalizado decir “Fulanito el grande, Tú sí que eres grande, qué grande eres…”
A todos los que os encanta que digan lo grandes que sois…
Yo os digo: Cuidado con lo que decís. Sólo uno es grande.