El silencio es como la luz blanca. Esta es la suma de todos los colores: para iluminar todo el espectro. El silencio contiene los sonidos y, de la suma de todos ellos, nace el polifónico silencio. No hay espacio que no llene: no hay corazón que no se conmueva.

Hay voces que callan. Y, cuando sucede, algo se quiebra: no concuerdan significante y significado pues falta algo, falta esa voz…

De aquellas que no volverán, tenemos el recuerdo que esponja el alma, baña los ojos, enternece… Son las que siguen sonando dentro y que nos cuentan que aún viven en cada uno de nosotros.

Los muertos mueren del todo cuando dejan de cantar dentro.

Por eso, hago un llamamiento a todas las voces que ya no cantan: por la razón que sea. Cantad, donde sea, cuando sea y a quien sea. Los desiertos mutarán en selvas, apagarán fuegos, serán calma. Serán el arcoíris que forme la luz de la luna en la noche más oscura: el acto de amor más gratuito…