
“Cualidad de limpio, libre, exento de cosa que dañe o inficione.” Lo de inficione no lo sabía: es infectar.
Y es que hoy me ha tocado limpiar. Y pensaba que, cuando vas limpiando y te dejas algo, al principio, se nota poco, pues hay mucha mierda y no te das cuenta. Pero, cuando la limpieza se hace dueña del lugar, la cosa cambia: como haya una hormiga, una hoja, una nanomierda, se nota tela.
Pues eso. Aplicado a la higiene, pues es estupendo tener la referencia para saber si algo está limpito. Si lo exporto a la política, que es lo más fácil en los tiempos que corren, la limpieza que se vocea está en función de la mierda que hay y no en la pulcritud que habría de ser la medida de la honestidad: ya salió. La honestidad tan necesaria: la que toma como referencia la buena teoría que hizo formular un paisaje prístino. Sería, por darle un enfoque distinto, tener la ortodoxia en la mente, pues es árbitro para cualquier hijo de vecino.
Y, como no podía ser de otra manera, pensaré en la limpieza en nuestra madre iglesia, tan denostada, tan maculada por cosas que no tienen nada que ver con la ortodoxia evangélica. Para ajustar: la ortodoxia tiene como sinónimos pureza, legitimidad, autenticidad, integridad, fidelidad, lealtad, rectitud. Quienes utilizan esta palabra, Ortodoxia (la repito por si acaso) para colocar su ideología como origen y como fiel, aguja que juega en la alcoba o caja de las balanzas y romanas, y se pone vertical cuando hay perfecta igualdad en los pesos comparados y exacto, conforme a la verdad, (que haría yo sin la RAE), colocándose en el centro y poniendo sus intereses por encima del Evangelio, de la Palabra viva, están ensuciando la verdadera intención de Jesús de Nazaret: Amar al prójimo como a ti mismo.
A ti mismo: a ti que significas tu verdad a través del estatus de tu disfraz: ya sea movimiento, hábito o sotana; a ti, que impones pesadas cargas e ideologizas el Evangelio, haciéndola agua embotellada con denominación de origen siendo fuente viva…
El algodón no engaña. (esta frase la entenderán los preconstitucionales) Si nuestro discurso deja mancha ideológica, si siembra tristeza y obligaciones: si no habla de amor, si su dirección no está en el barrio de la Alegría (sic) es un punto blanco en la pizarra negra, una mancha oscura en la nieve: está faltando a la limpieza original.