Hoy hemos tenido un vía crucis con los niños de pre confirmación de nuestra parroquia. Ha sido un acto adaptado a la capacidad de digestión, comprensión, que tienen.
Todos quieren hacerla. Puede que haya un 0.1528% que sepa realmente de qué va el asunto. Pero, para la mayoría, no es más que un acto social en el que ellos se comprarán ropa cara, o un traje, y las niñas se pondrán trapitos que taparán con dificultad sus perjúmenes a una altura prodigiosa gracias a los taconazos propios de una stripper.
En el grupo, había cinco chavales que, descreídos o ausentes, asistían porque uno de ellos está en la catequesis. Dicen no creer. Alguno alardea de haber perdido la fe. Han prestado atención cuatro o cinco minutos porque uno de ellos portaba una vela a petición del sacerdote y el otro, el que va a hacer la confirmación, llevaba una imagen del crucificado. Tras ese breve espacio de tiempo se han puesto a jugar on line con sus móviles.
Los que van a confirmarse no prestan atención, no entienden nada y desconectan…
¿Cómo van a entender nada si nadie les explicó de qué va la historia? Lo sorprendente es que sean constantes en la visita semanal a los salones parroquiales. Supongo que los padres, las madres, les obligan a ir con algún tipo de chantaje que les compensa. Pero, a la hora de tener un eco en casa, se encuentran con eco, si: El eco del vacío. La nada reverberante, la oquedad del desconocimiento y del oscurantismo que acompaña a la práctica religiosa.
Parecese a un rito tribal. En él, los que creen, de una forma infantil dentro, y despreciativa fuera, intentan cumplir con lo que la deidad sin entrañas que la iglesia se ha encargado de tatuar en todas las conciencias y reforzar con todos los actos posibles, manda. Para que todo vaya bien. O no empeore.
Maldigo mil veces a la madrastra que desprecia a sus hijos de tal manera. No comprendo en nombre de quién se ha podido marcar a fuego que Dios es cualquier cosa menos amor. Estoy hablando de gente de toda condición que cree que ser cristiano es bailar la danza de la lluvia. Y esperar a que truene. Y no: No son minoría. Son multitud.
A todos los que crean que creer es cumplir, tengo noticias:
No se ama por decreto. Dios es misericordia. No hay que pagar nada en las parroquias para obtener servicios o sacramentos. Eso es prostituir la vida que sustenta cada gesto. No hay que hacer la confirmación para casarse: Hay que hacerla cuando se esté convencido de que Dios es un buen monarca de nuestro corazón y entendimiento.
En tanto no encarnemos todo lo anteriormente citado, lo que hagamos serán fuegos de artificio. Sacrificios que no sirven para nada y alejan, cada vez más, al autor de la vida de su hogar: Que es el corazón del hombre.