Hay una costumbre anglosajona que se llama “New year’s resolutions”; es algo así como “¿qué voy a mejorar este año?”, pero en inglés. Y, por aquello de la globalización, hago mía esta costumbre, por costumbre, y empecé a hacer una lista. Pero ¡oh, sorpresa!, lo que estaba haciendo era una lista para todos vosotros, resto del planeta: para que mejoréis vosotros y me hagáis el trabajo, que es mu cansao plantearse cosas, ser consecuente, vivir con valores trascendentes… Qué pereza.

Y caí en la cuenta de los muchos deseos que tenemos al principio del año. El resumen sería que, entre todos, hagamos un mundo mejor. Creo que, desde que tengo memoria, cuando los señores y señoras que dan las campanadas desde cualquier reloj televisivo alzan sus copas deseando para todos en nombre de todos. Y pocas cosas han mejorado. Por ello he pensado que voy a superar mi educación judeocristiana, mis valores corporativos y me voy a atrever a salir de la estufa del plural: voy a pedir en singular.

¡Pues vaya cosa que has descubierto chaval! Poner mi nombre delante de cada cosa que quiero cambiar es un contrato público, siempre bajo el escrutinio de quienes me rodean, me conocen o me desprecian; es caminar desnudo para que vean mis lorzas, mis vergüenzas, mis angustias… Todo ello para que no mienta, que está muy feo, tú…

Pero también se verán mis logros, mis versos, mis sonrisas. En el caso anterior, sería una buena razón para desmotivar a quienes prometí ser mejor. Pero, si ven que hago progresos, seré un ejemplo. Para mí será una victoria. Para otros, una pista…

Mis propósitos para este año son ambiciosos, pues soy hijo de rey; y como tal, me siento en el derecho de quererlo todo.

Y quiero:

  • Cantar el Evangelio todos los días.
  • Escribir todo aquello que brote de mi corazón.
  • Acompañar en la medida de lo posible.
  • Respetar los procesos de quienes me rodean.
  • Soñar que es posible para mí el Reino de Dios y su justicia.
  • Soñar que, si es posible para mí, puede serlo para todos.
  • No quiero ser motivo de escándalo.
  • Quiero que mi vida sea feliz, con todos los matices que tiene estar vivo (dolores, problemas, olvidos, desencantos… sorpresas, noches, días y fiestas)

Quiero vivir a la intemperie. Para que sea Dios quien me bendiga con el rocío de su misericordia.