
Muy buenas. Guiado por el interés personal, sigo haciéndome preguntas; Si: esas cositas tan incómodas que, a modo de piedra en el zapato, me recuerdan que la vida que vivo quizá no se corresponda con lo que había imaginado. Y puede que no haya de ser así porque pueda ser mucho mejor. Pero, como dijo el filósofo, “siempre hay merma”.
Yo creía que el deporte era algo sano. Que expandía el alma y los alveolos pulmonares aparte de garantizarte cierta calidad de vida. Por lo que voy observando, es una manera de decirle al otro “soy mejor que tú. Puede que alguna vez me superes, pero, hoy, no”. Como decía Gila del fútbol, “es una mutua humillación de madres”.
Pero se puede, el deporte, plantear como un modo de distracción: un conjunto de actividades por las que te evades de la asesina rutina. Y ahí vuelvo a incidir. (por lo de las preguntas). Necesito tener otros focos de interés porque mi rutina es una mierda y me hace infeliz. Por ello, tengo que hacer otras cosas, cuando mi jornada laboral lo permite, para divertirme y encontrar algo de sentido a esta existencia.
Es verdad. En vez de tener una vida llena de valores, de sentido, la mantenemos y nos dedicamos a hacer otras cosas que me hagan olvidar cuánto me falto al respeto en el día a día.
Por ello, las preguntas no son para jodernos los amaneceres sino para recordarnos qué es lo que queremos. Si es eso o es que seguimos el guion de lo que otros quieren para nosotros.
Podemos adoptar el modo acefálico, pero me da la sensación de que la humanidad residente, se resiste a ser amputada y aparece, de tarde en tarde, a recordarnos que no es esta la vida que me hace feliz. Pero bueno: los antidepresivos de última generación son la hostia.