
Menkantan. Los vídeos que aparecen en redes sociales con un señor horadando una montaña para hacer una casa de lujo me parecen fascinantes. Esos en concreto, me llaman la atención pues la sensación de que no durarán desaparece cuando veo el resultado: con spá incluido.
Me gustan los que arreglan motores: lo destripan y le devuelven el antiguo esplendor, ruidos originales… Motos, coches: todo lo que consuma combustible fósil, poco verde.
Pero hay algo que no soporto. Los programas yankis en los que se arregla una casa. Son casas que parecen sólidas pero que están hechas una mierda porque no tienen cimentación, porque el que la construyó se le olvidó poner una viga maestra, las filtraciones, ratas, infestaciones de bichos made in USA que se comen todo como buenos americanos que son. Casas que están hechas con madera cruda, sin tratar: donde no se ve nada sólido porque las paredes son de cartónyeso. Y que valen dos riñones, el páncreas y el lóbulo frontal del que la compra.
Y no se conforman con eso: los programas en los que se habla de cómo extirpar un tumor de dieciocho kilos del parpado derecho, que impide ver bien al paciente es un canto al mal gusto. Se ve cómo el supuesto experto va sacando todo lo que contiene el okupa del ojo. Un asquete…
Hay programas en los que se relata el proceso por el que un señor va a un establecimiento de restauración a comerse una hamburguesa, picante nivel Dios con patatas para un batallón de lanceros bengalíes, de 20 libras en menos de una hora para que pongan tu foto en una pared y te regalen una camiseta con la boca llena y en estado de muerte cerebral…
Y llegamos al programa en el que se describe cómo se puede vivir pesando 400 kilos. Un canto a la superación en la que se trata la consecuencia y no la causa.
La consecuencia y no la causa.
Yo, si fuera ET, no me movería de mi casa. Venir a este planeta Tierra, más concretamente en USA, es muy desaconsejable. Sobre todo porque las noticias se parecen mucho a las series de policías, todos buenorros y macizas; las matanzas en colegios, los tiroteos en iglesias: es como volver al Africa de donde arrancaron a los afrodescendientes, negros americanos actualmente, por si no lo sabías.
Pero mentir hasta que parezca que sea verdad es una práctica muy extendida en la democracia más republicana del mundo. Saturar la parrilla de la televisión con programas tóxicos, noticias tristes, muertes inútiles, genocidios en directo es la manera de prepararnos para gastar mucha pasta en armas: para ser como ellos.
Como Rusia, tan inútiles desnazificando, China, con sus millones de cámaras para controlar a sus camaradas, Corea del Norte, con su falopatía armamentística que mata de hambre a su pueblo, Israel, poniendo en práctica el genocidio como si fuera un derecho…
Nos podemos acostumbrar a todo, mientras haya fútbol, veamos partirse la cara a dos luchadores en prime time y haya mucha cerveza.
Y digo; y canto:
“Juntos cambiaremos el mundo este año: si nos unimos, si nos amamos, si a todos damos la paz”.