Hablando el otro día con un sacerdote amigo, me dijo que le cambiaban de parroquia. Y fue interesante la apreciación que hizo: “es diocesana…”

Que un párroco diocesano diga que una parroquia es diocesana es perturbador. ¿Acaso no lo son todas? Y claro: siempre están las que pertenecen a colegios, órdenes religiosas y demás instituciones.

Para mí es inevitable el sonrojo al pensar que hay ideologías en la iglesia católica. Es un tema recurrente en mis reflexiones. Y no es que sea malo que la gente sea de derecha o de izquierda. Lo malo es que, perteneciendo a una misma iglesia, un solo corazón, una sola fe, un solo bautismo, los de la derecha advierten como amenaza a la izquierda y viceversa. Más aún: hay movimientos que celebran sus misas aparte, pues tienen rito propio y esas cosas…

Y es entonces cuando recuerdo un audio de Les Luthiers en el que, en un momento dado, el locutor dice “cantan como el reverendo”, haciendo alusión a que el coro canta como quien muestra el camino. Y es aquí donde me sale un sarpullido. Si quienes muestran el camino condicionan el crecimiento de quienes se fían de él: si la medida es él y no quien hizo la luz, las estrellas y el viento, mal, muy mal…

¡Qué juicio espera a quienes han dicho lo que hay que hacer, formulando sortilegios, ritos y procesos cuando la única medida de todas las cosas es el Amor, Amor infinito! El pecado no es enseñar mal: es impedir que cada uno se encuentre con el Dios que le habita en toda su potencia para ser uno con él. De eso, nos pedirán cuentas;

Y me atrevo a afirmar con la estupidez que se me pueda atribuir que enseñar una alícuota parte del Evangelio no es malo. Pero impedir el conocimiento, el discernimiento que procura a la vida de quien quiere ser como Jesús de Nazaret, creo, es para hacérselo ver.