
El mismo sonido. Suena siempre igual. Todos los días a todas horas. El guion es siempre el mismo. El Coronavirus se está extendiendo, los asintomáticos, las residencias de mayores, las reuniones familiares, el uso de la mascarilla. Es una canción que empezó a sonar en marzo y que todavía parece que está en los primeros compases.
En nombre de la seguridad, de la defensa del trabajo de los sanitarios, de la vida misma, contemplamos como deshacemos el camino y comenzamos a vislumbrar el recorte de movimientos, la desazón de los niños, pues quieren volver al colegio, la hipotecada actividad económica que llena de incertidumbre a tanta gente…
Y yo, desde aquí, pienso: ¿qué es lo que sé hacer? ¿Qué puedo hacer en este tiempo tan difícil, tan extraño? Y recuerdo que, hasta hace bien poco, cantaba; y no lo hacía sólo en recitales: lo hacía en colegios, parroquias, cárceles y teatros… Y cantaba canciones cuyas letras son capaces de mover el corazón. Muchas canciones. Y ponía música a las letras que entre todos escribíamos; y bailaba con los profesores en los cursos: veía vídeos que movían a pensar…
Cantaba, escribía, bailaba, veía… Todo es pasado.
Todo lo que fue hasta el inicio del confinamiento, parece que es la esquela de la tumba en la que reposan todas nuestras capacidades. ¿O no?
Por eso, pido a todos los que cantáis, cantamos, tocamos instrumentos, hablamos a quien nos quiere escuchar: No permitamos que el miedo nos robe nuestra capacidad. Proponed allí donde conozcáis recitales, vigilias, bailes en las plazas (con distancia de seguridad); cantad en las azoteas y en las esquinas. En los centros parroquiales o en los soportales de los claustros. LLENAD DE MÚSICA TODO
Ya que se nos intenta robar del agua su frescura, del aire su ternura, del vino, la sangre y del pan, la carne, que no nos roben nuestra capacidad para seguir cantando la esperanza, la que llama a la responsabilidad y llena el corazón de alegría. La música que revienta los muros de la inevitabilidad, pone cordura en el caos y paz a esta incertidumbre que nos está robando todo. Hagamos lo que sabemos: cantemos. Y confiemos en quien alienta nuestros cantos.