¡Cómo nos han cambiado la vida las nuevas tecnologías! Los GPS nos llevan a donde nunca hemos estado como si lo hiciéramos todos los días, los asistentes del hogar nos dicen cual es el logaritmo neperiano, que es igual a la suma de los logaritmos de los factores, nos controlan los pasos que damos y nos dicen cuánto tiempo nos duró la primera fase REM del sueño. Ni hablemos de los consejos desinteresados de nuestro navegador basándose en los sites visitados anteriormente… Todo es maravilloso.

Hoy he contemplado la máxima expresión de la digitalización. Entré en un servicio público y me encontré con la imagen que paso a describir: a la derecha de mi campo visual, frente a un urinario un señor de mediana edad, pues decir que es mayor sería faltarle al respeto, se sacudía la minga con la mano izquierda frente al urinario mientras consultaba el móvil con la derecha. La destreza que demostraba me hablaba de que no era la primera vez que practicaba semejante ejercicio de sicomotricidad fina.

Perplejo en primera instancia y fascinado a la vez, me di cuenta de que yo no era capaz de tal sincronía digital, tanto por el móvil como la de la discriminación de los dedos… jajaja…

Que somos dependientes de la modernidad me ha quedado más que manifiesto tras tamaña escena. Que si me hubiera quedado sin batería y no tuviera otra opción, no le pido el móvil a ese señor aunque me haya picado una serpiente de cascabel, también;

Con todo, me he sonreído; es increíble la capacidad del hombre para hacer cualquiera cosa. De la mujer, ni te cuento…