En una conversación, no hace mucho, un consagrado a la vida religiosa me dijo que es el momento de los seglares. Cuando escucho afirmaciones de este tipo siempre me da por pensar en algo que no es políticamente correcto: Es el momento de que los seglares tomen la iniciativa ya que no hay vocaciones.

Bueno. No hay vocaciones a la vida consagrada y sacerdotal; porque gente que cree y quiere dar la vida, y la está dando por el Reino de Dios, los hay a patadas.

Sigo. Reflexionando sobre el hecho mencionado en el párrafo primero, me dijeron que no se me ocurriera mentar el asunto porque hay que tener el sentido común de hacerlo en el momento adecuado.

Decir que no hay vocaciones para la vida consagrada se puede decir; pero otorgar importancia a los seglares, porque ya no hay consagrados que se puedan ocupar de la misión dada por llamada expresa a ese servicio, no está bien visto.

Eso de mirar de frente a las cosas es problemático porque nos obliga a hacer preguntas incómodas.

-¿Porqué no hay vocaciones a la vida consagrada siendo que es algo que siempre ha habido y que se ha interpretado como voluntad del cielo?

-Si no las hay, ¿cabría preguntarse si es voluntad del cielo que ya no las haya?

-Y, si eso es así, ¿qué es lo que ha cambiado en el cielo para que no haya vocaciones al uso?

Yo creo que es el momento de los hijos de Dios que quieren vivir sin divisiones su vida al servicio del Reino. Que me llamen gilipollas o simplón. Pero los signos de los tiempos hay que leerlos en los tiempos que corren. Y se nos puede decir más alto, pero no más claro.

No hay judíos ni griegos. No existen las mediaciones. No están los que le sirven totalmente y los  que viven en el siglo siendo sólo grey, rebaño de los primeros.

Todas las divisiones que el tiempo ha creado entre los hijos de dios, los reinos taifas que han fragmentado la verdad, han hecho que la libertad y la felicidad para todos estén cada vez más lejos.

Por eso, debo decir que hay una sola vocación. Que toda interpretación que divida y parcele sirve a la tristeza y al enfrentamiento:

A creernos mejores que otros cuando todos somos dignos.

Por ello, y arriesgándome a mear fuera de tiesto, afirmo con temor a equivocarme, que Dios es seglar.

Lo digo con la misma rotundidad con la que la historia nos ha hecho creer lo contrario.