¿Qué más me da a mí lo que tú hagas con tu vida? No es que me esté amputando la solidaridad. Es que tú eres dueño de tu vida, consecuente con tus decisiones, amante de tus amores, responsable de tus actos. A mí, lo que me queda, es respetar. Y, sin expectativas, esperar respeto.

Si no recibo el respeto que doy, no tengo que enfadarme. No puedo exigir a nadie nada pues somos muy dueños, ¿no? Y, al fin y a la postre, ¿de verdad son tan importantes las causas que nos enfrentan?

Por ir a cuestiones, sólo tres, de bulto:

  • ¿Qué más te da a ti que alguien sea homosexual y quiera tener una familia? La homosexualidad no se elige. Y, pienso en lo que siento yo, con sus contras y sus pros, la familia es el entorno privilegiado donde generar las raíces de nuestra existencia. A quien le de por pensar que los homosexuales no son capaces de generar un ambiente saludable donde hacer crecer a sus hijos, pregunto: ¿Las familias heterosexuales, objetivamente, son ejemplares en este sentido? No exijamos a otros lo que no somos capaces de hacer nosotros.
  • ¿Qué más te da a ti que alguien se divorcie? ¿Acaso no podemos equivocarnos? Cada uno de nosotros, desde nuestras experiencias y capacidades, tomamos las decisiones que estimamos mejores para nuestra vida. Y, si nos equivocamos, intentamos arreglarlo y dar lo mejor de nosotros. Y, en este tema, la iglesia ha de reconsiderar las actitudes que tiene para con este colectivo. Creo que se tiene que comportar como madre y no como juez.
  • ¿Qué más me da a mí que la fe quede reducido a un conjunto de prácticas religiosas sin ninguna repercusión en nuestro conjunto de valores? Se está dando un crecimiento exponencial de cofradías y similares en un momento en el que la fe sólo se reconoce como residual en nuestra sociedad. Da igual que se afilien a un equipo de fútbol, un partido, un sindicato o a una cofradía: La necesidad de pertenencia no ha decaído en ningún momento. Y esto trae consigo todos los problemas que estos colectivos suelen traer consigo: Codicias, problemas… Pero también sentimiento de pertenencia.

Y, cuanto más auténtico sea el vínculo, más fuerte se hará. Si esto se da en el caso de las minúsculas comunidades parroquiales, serán referente, comunicarán vida. Y eso es justo lo que necesitamos. Es inevitable. La coherencia y la honestidad individuales serán espejo para la mediocridad y faro en las tormentas. No hay que aspirar a comunidades en las que todos pensemos igual: son mucho más interesantes aquellas en las que sus miembros son conscientes de su barro y viven conforme a los valores sin mirar a los lados, sin murmurar, comprendiendo y acompañando…

¿Qué más me da, al fin, que la gente no sea como yo espero? ¿Qué más me da si los valores fundamentales han sido vaciados de contenido? ¿Lo siguen siendo para ti? ¿Crees que eres valedor con tu palabra y, sobre todo, con tu vida de lo que dices creer? Pues, ya sabes: “Ama a tu prójimo como a ti mismo y será en la tierra como en el cielo”.