¡Qué fácil es imaginar que eres un héroe! Para serlo, lo único que tienes que hacer es tener público para que quede constancia de tu heroico comportamiento. Una vez obtenido ese requisito, te lanzas con todo lo que tienes para buscar el refrendo físico, el premio, la oreja y el rabo; porque a quien te vas a enfrentar es un ser infernal con aspecto infernal, ojos infernales y aliento infernal… Todo muy infernal.

Y, si lo haces en un país donde hay más armas que personas, pues eso: lo harás con un fusil de asalto de un montón de milímetros de calibre o un cañón láser: yo qué sé… todo está permitido para luchar contra los engendros del averno que se atrincheran en escuelas de primaria en horario escolar.

Los monstruos (a esto ha contribuido toda nuestra cultura del videojuego, películas donde bajo un aspecto infantil, subyacen salvajes asesinos) ya no tienen el aspecto que daba miedo. Ahora, cuanto más adorable, es mucho más abyecta la abominación que habita ese diminuto cuerpo.

El héroe avanza disparando contra sus propios miedos, intentado amputar el horror que le supone disparar contra sí mismo y no poder comprobar si su monstruo particular muere: por eso tiene que matar a otros: ver como se desangra gente que no conoce para ver si su muerte redime su dolor.

Todo para mayor gloria de quienes venden armas para defenderse de infames criaturas. Argumentan que un ser civilizado y con criterio, armado, está en mejor disposición de defenderse. ¿Con un arma? Quizá un ser civilizado y con criterio no necesite un arma para defenderse. Quizá la educación recibida sea suficiente para ello. Pero, como eso no supone pingües beneficios para la industria del armamento, pues no se publicita.

Las aberraciones son aquellas que creen que las armas que hay que usar son contra otros. Quizá este Tsunami de sangre y dolor, ya sea de la guerra en Ucrania, ya en una escuela en los Estados Unidos sea el último. Y comprendamos que, si hay que amar al prójimo como a mí mismo, debo tener muchas ganas de matarme para ir matando a inocentes.

P.D. ¿Alguien recuerda alguna sociedad que haya integrado los sacrificios humanos y, con ellos, hayan satisfecho a sus dioses y sacristanes?