Esta última y popular guerra en el este de Europa está dejando unos mensajes tan novedosos como siempre. Con la salvedad de que una de las principales potencias nucleares del mundo ha dejado una parte de su operación militar especial en manos de mercenarios. Ha externalizado la guerra. ¡Qué giro tan inesperado! Lo rocambolesco es que luego, la misma fuerza ha protagonizado un amago de golpe de estado… pero no nos desviemos. El Neoliberalismo nos ha dejado un nuevo mensaje, tan antiguo como los balcones de palo: el negocio es el negocio sea cual sea.

Y la perversión se torna podredumbre cuando el invasor no odia a quien tiene delante, que suele ser su enemigo acérrimo, no: es sólo un objetivo. No hay pasión. Es solo una víctima colateral de la transacción económica por la que mato a quien tengo a tiro porque me pagan por ello. Me pagan por matar. ¿Eso no convierte en asesino a quien mata, alguien que debe ir a la cárcel por tan terrible acto? ¿No convierte en asesino a quien paga a quien me paga por matar a quien no conozco?

Asesino. Al final es asesinato. “Matar a alguien con alevosía, ensañamiento o por una recompensa”. La guerra deja de tener, si alguna vez la tuvo, licitud para ser un delito de lesa humanidad, que no es otra cosa que “acciones generalizadas o sistemáticas que atentan contra los derechos personalísimos de la población civil o parte de ella. Si bien se cometen contra una víctima o un colectivo, el ataque se entiende hacia la humanidad”. Nosotros no lo sentimos como propios los actos porque no vuelan sobre nosotros los misiles. Una explosión hermana mucho…

Y me doy cuenta de que los estados que se preparan para la guerra en tiempo de paz, aquellas superpotencias que venden armas monísimas y ultramodernas o superantiguas y letales, todas, son perros de su amo: El negocio de la guerra. Democracias, Teocracias, Autocracias… Todas sienten que “es la guerra” la que da sentido a su existencia. El individuo, nunca contó.

No hay armas buenas. No hay guerras justas. No hay políticos empáticos. Todos, Peces Piloto alrededor del Gran Blanco, el depredador, la guerra.

(no deja de ser curioso el nombre del tiburón: como la bandera de paz)