
Message in bottle at seaside
Pero se me olvidó que el tiempo no para. Que la vida no se queda congelada; de pequeño creía que los programas de la tele se quedaban quietos hasta que yo los volvía a conectar dando la vuelta al interruptor del armario en blanco y negro. Mientras yo vivía los días queriendo volver a tu lado, añorando lo que dejé atrás, tú tenías que vivir la vida sin mí. Y no era ni mejor ni peor: Luchabas los días; tantos días.
Y cuando nos encontramos de nuevo, usamos palabras antiguas, gestos trasnochados, lloramos lágrimas viejas. El rio apenas llevaba agua por la sequía, se secaron las flores, no hubo canciones.
Y tuvimos que decidir: Volver a un pasado en el tiempo presente, donde ya no había niños de pecho, ni carritos; a cualquier tiempo, pretérito, siempre peor, que la posibilidad de vivir un abrazo nuevo…
Volver a consagrar nuestros días a hacer sacramento nuestra vida. Ese fue nuestro compromiso. Ya no hubo tortícolis: Sólo mirar al frente, sin nostalgias.
No me esperes como fui. Deséame un buen viaje para que, cuando vuelva, traiga los atardeceres que guardé para ti y que me llenaron de ocres los ojos y de esperanza para compartir.