¿Sagitario? ¿Piscis? No. He dicho Cáncer. Un chiste muy descriptivo de la turbación que siente el cliente al recibir una noticia que acaba de cambiar su percepción de la existencia.

Es como un adelanto del velatorio. Uno contempla en la memoria todos los pretéritos acontecimientos, banales en muchos casos que, de pronto, toman una relevancia crucial. La debilidad tiene esos efectos secundarios; la enfermedad trae consigo un ronco lamento, un infierno a medida. Lo fútil, toma carácter eterno. Lo irrelevante, pasa a ser fundamental.

Y, como en todas las reflexiones sobre este particular, llega el momento en el que hay que tomar partido, colocarse delante del toro, metáfora políticamente incorrecta y muy al caso, y ver cómo nos enfrentamos a la posibilidad de que nuestra existencia se vea sustancialmente acortada.

Por eso, como todos somos candidatos estadísticamente de morir de Cáncer, la conclusión es sencilla. ¿Voy a seguir luchando contra molinos de viento o seré Quijote, creyente impenitente? Y, ¿lo viviré como un niño, con una visión fantástica, legendaria de la vida o como un adulto, que sopesa los datos, coteja las acciones y vive agradecido cada amanecer?

Lo siento por todas las campañas Otoño- Invierno que me perderé una vez vuelva a la tierra que me otorgó la existencia. Pero no pienso perder ni un instante permaneciendo callado: Voy a cantar cuanto pueda, pues me hace feliz en primera instancia. Y, por ende, a otros pues todos somos incólumes al bañarnos en la música, verdadera voz creadora.