El otro día, iba yo con mis bolsas del reciclaje a los contenedores. Advertí que, entre ellos, había un señor con una actitud sospechosa. Lejos de amedrentarme y con la firme determinación de depositar cada producto en su correspondiente color, me acerqué un poco más. Entre el de vidrio y el de envases, estaba el señor reciclando el contenido de su vejiga. Naturalmente, con esa naturalidad de quien es consciente de que está haciendo las cosas bien pues son las que les salen exactamente del sur de la uretra… sabedor de lo que tenía entre manos, me dijo:¿Qué? ¿Tú nunca has meado en la calle? Con cierto desasosiego pero con convicción, aseveré a su pregunta que no, que no suelo mear en la vía pública, al abrigo del reciclaje… Vi que cerca, pues era un parque, había unas sillas de playa con algunos alegres bebedores de cerveza sentados y, supongo que sería la suya, estaba una vacía. Eso me indujo a pensar que era una estrategia planificada y repetida en el tiempo.

“Cree el ladrón que todos son de su misma condición”. Quien está acostumbrado a pasar por encima de las más elementales normas cívicas, cree que todo el mundo hace lo mismo que él, lo que le constituye en modelo y medida de todos los seres de la tierra.

Y, como suelo hacer, hago una extrapolación. Netanyahu niega la hambruna, pues él no la padece. Y, como es quien la está provocando, no va a responsabilizarse de ello. Serán otros los responsables, supongo que pensará, en el caso de que tenga habilitada esa capacidad: muchas veces pienso que gente de esa calaña razona con aquellos que están al sur de todas las uretras…

Por un mundo en paz. Por la unidad de todos y la dignidad para toda la HUMANIDAD.

Palestina libre.