
Ayer conversaba con un amigo que me decía que no me doy cuenta del mensaje de Jesús: me habló de un señor que había formulado el mensaje del Evangelio de una manera mucho más comprensible, más sorprendentemente feliz si cabe. Y la verdad es que me alegra que alguien haya sido suficientemente sensible para percibir esos sutiles matices que hacen que la salvación, la felicidad y la dignidad, estén más cerca.
Me habló de unos libros, de unos contenidos en Internet… Ahí es donde empezó a patinar, en mi interior, el argumentario. Recordé esa frase de la empresa de estafa piramidal que comenzaba sus alocuciones “¿Tienes un sueño: cuánto vale?” tras la cual te decía todas las cosas que tenías que hacer, en qué invertir para conseguir alcanzar tu sueño.
No. Hay cosas que no son exportables. Hay experiencias personales que hacen mutar tu talante: pero, hay muchas que se quedan en papel mojado porque, tantas veces, depende del momento, que estés atento…
Y recordé un encuentro que tuvimos en As Pontes hace mucho tiempo. No olvidaré nunca el lema del encuentro, que era en gallego, pero que se me quedó grabado desde el primer instante: “Onde vives mestre? Vinde e veredes”.
Pues eso. En el momento que hay un encuentro, en verdad, se vive “como busca la cierva corrientes de agua”. No se trata de inventar la rueda. Es vivir como si el Evangelio fuera verdad. Como si la verdad fuera Evangelio.