Lo más fácil. Sin duda es lo más fácil. Presuponer lo peor de quien no conozco: o del más cercano. Desconfiar como lo hacen los leones cuando están descuartizando a la presa y algún familiar se le acerca a participar del festín. Ser maleducados con quienes más nos quieren porque podemos, nos lo toleran todo…

Y sé que soy pesado como una vaca en brazos, pero no hace falta que me ponga las gafas para darme cuenta de que dividir es lo más sencillo. De un continente, hace un archipiélago: teniendo tantas cosas en común, ponemos agua de por medio para que no nos toquemos, no podamos tender puentes pues la distancia es suficiente: nos intuimos. Y bueno.

Por eso, relajaré mis expectativas y voy a buscar lo más básico: aquello que todos compartimos. Y no podemos negarlo: Todos los nacidos de mujer necesitan respirar. Por lo tanto, somos hermanos por el aire que respiramos: no hace acepción de pulmones dignos e indignos, ateos o apóstatas. El aire entra y sale de nosotros y no hay fronteras. Todos los hijos de Adán comen. (hay injusticias que intentan que eso no ocurra. La consecuencia más clara es la muerte, que también es común a todos los vivos). Todos los bípedos implumes beben. La mayoría, agua; aunque los hay que se empeñan en hacer de las bebidas espirituosas, el líquido elemento; pero daremos pulpo como animal de compañía.

Tenemos extremidades por decreto, aunque nos empeñemos en amputarlas; ilusiones, aun cuando nos dictan que no es adulto tenerlas. Es más juicioso hacer todos lo mismo, para disfrutar de la misma cuota de depresión. La piel es piel, aunque los colores varíen. La voz es voz, aunque cambie su textura.

La luz siempre es luz.

La luz siempre es luz.