La pasta que forman la tristeza, la frustración y el desconcierto se tornan cuchillas y papel de lija, cortando y arañando por donde pasa. Como cámara magmática, asciende deformando mi pecho y busca la náusea, como primer objetivo: así podrá salir cual vómito. Y quizá salga por mi boca en un grito sordo de asco y dolorosa arcada que me dobla hasta casi quebrarme. Quizá… pero aún queda la que asciende hasta los ojos, haciendo que el parpadeo sea un ruido, mezcla metálico y arena, que araña mis ojos. Cuando sale, corta los párpados y desciende dejando heridas que se cicatrizan instantáneamente, similares a los surcos del campo… Si llegan al suelo, las dolorosas, pétreas lágrimas, golpean el suelo: no lo mojan. Ruedan por el pasillo.