El punto de inicio de la crisis se podría tomar a partir del crack de las hipotecas “subprime” en el verano de 2007. Mes arriba, mes abajo la cuenta me sale seis: Seis años. Durante seis años, hemos asistido al recorte de todo lo recortable en derechos ciudadanos  a quienes nuestros políticos tienen el sagrado deber de servir: Servir y administrar la riqueza del país siendo ejemplo de sobriedad, honradez, honestidad, integridad, rectitud, sinceridad, decencia, lealtad, moralidad, desinterés, conciencia y honorabilidad.

Ayer, nuestra vicepresidenta, nos regaló un insulto a todos los que hemos sentido sus actuaciones: “Los políticos tendrán que sacrificarse ahora”.

¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿   AHORA   ?????????

¿Con qué cara se puede hacer una afirmación así y quedarse tan tranquila? ¿Acaso ella no vive el mismo país que yo?

Lo interesante es todo lo que subyace bajo esa afirmación:

-Todo se hace por el pueblo, pero sin el pueblo. Se recortan todas las partidas que afectan al conjunto de la sociedad que no son ellos. Las prebendas y derechos adquiridos a través de nuestra joven democracia son sagrados. Los adquiridos por el conjunto de la sociedad son prescindibles.

– No hay ideología: Sólo el poder de quienes han hecho del servicio una forma de vida que se autoprotege y se blinda con cada legislatura. La primera decisión es votar el aumento de sueldo de los parlamentarios. No importa que la gente se quede sin casa o sin trabajo; sin futuro y con miedo es más fácil manipular al vulgo.

-Ahora, nosotros: En el preciso instante en el que la inmoralidad y la desfachatez campan por sus fueros en los pasillos del congreso, nuestros próceres tienen a bien hacer un gesto de buena voluntad y se tiran al ruedo del recorte. Porque, hasta ahora, nada habían hecho por alterar su tren de vida.

Nada más que decir. No hay nada nuevo bajo el sol. Ni sirvas a quien sirvió ni pidas a quien pidió. Todo el que llega al poder lleva un corrupto dentro. Sólo hay que esperar.