
Hoy me he levantado con el ánimo de hacer justicia. Sí. Soy conocedor de tantas situaciones que no se ajustan a derecho que voy a hacerlo yo, que va haciendo falta. Gracias a esta Epifanía, muchos se verán favorecidos por mi parcial punto de vista y mi sesgo.
Sin ambages: he decidido que la Justicia ya no será imparcial ni ciega. Tenemos demasiados intereses en juego para andar en manos de gente que se ha tirado veinte años estudiando leyes y que dicen servir al interés general: a partir de ahora, servirán a particulares intenciones, nada sospechosas de servir a partidos…
También he pensado que es muy buena idea cerrar las fronteras. En un tiempo en el que la población aborigen disminuye, no podemos mezclarnos con gente que quiere una vida mejor, que habla otro idioma y cree en otro Dios. La pureza ha de ser preservada aún en contra del criterio de la propia Naturaleza.
Bombardear hospitales, colegios y campamentos de refugiados me parece línea maestra para la consecución de la justicia que necesita este mundo. Matar en Oriente Medio a mujeres y niños es fundamental para cortar de raíz las intenciones de árabes que dicen tener derecho a vivir en una tierra que no se compartirá. La Tierra Santa es santa y sólo será para un pueblo.
La disidencia quedará proscrita, pues incita al libre albedrío y esas cosas, tan libertarias, nunca traen nada bueno porque inducen al diálogo y al cruce de opiniones, tan abiertas a la afectación de nuestras convicciones: es inadmisible.
Quiero una justicia para mí y por mí: por mí y por todos mis compañeros, pero por mí primero. Pero no lo quiero para nadie más.
Un mundo perfecto.