
Según dice el buscador, se han publicado 130 millones de libros. Esta cifra varía según el día. Curiosamente, por más que se escriben libros sobre las hazañas bélicas de quienes sobrevivieron a las guerras para contar cómo masticaban enemigos, los hacían sufrir como perros sarnosos y los echaban a las fosas comunes para sufrimiento de sus familias, parece que la lección no se aprende. Mantener el dolor, causar sufrimiento, destrucción: tener entretenidos a los que hacen negocio con las armas, con los materiales para la reconstrucción, con el dinero que prestarán a los países a los que destruyeron…
Por repetido no será: vivir en conflicto nos condena a culpar de nuestros males a otros, llevándolos a una dimensión que es incontrolable. ¿Cuántos muertos cuesta una guerra, una pequeñita? ¿Cuántos muertos costaría decir a los mandos militares que, a esa batalla, vayan ellos? Es muy probable que el honor del ejercito pasara a un sexto plano pues no vale la pena morir por razones que la historia, a la que hacía mención al principio del texto, constata inútiles.
Hoy es Bangladesh, con disturbios; Gran Bretaña, más disturbios por bulos en redes… Irán, Israel, Gaza, Sahel… Si en vez de acordar matarnos como bestias nos pusiéramos de acuerdo para trabajar juntos… Si aunáramos esfuerzos, un solo corazón, para que la razón presidiera nuestras decisiones y no las emociones, tan impulsivas, tan irracionales: aquellas que ven como necesario ofrecer sacrificios humanos…
No hemos evolucionado tanto.