¡Por Tutatis! ¡Por Belenos! ¡Que me aspen si no lo entiendo! ¡Qué ganas tenía de empezar un textillo así!

Uno pensando toda la vida que la teoría formulaba una realidad por la cual todos cabíamos en la casa común: y no es así…

Que, cuando se decía que había que amar al prójimo como a ti mismo, quería decir eso exactamente. Y no.

RAE: “Individuo cualquiera”. No se complicó mucho la Real academia, no… Pues eso: amar a cualquier individuo como a uno mismo.

Y me doy cuenta de que, dependiendo del sesgo ideológico de cada movimiento, de cada facción eclesial, nuestros prójimos son distintos. Tu prójimo, de hecho, no lo tengo en cuenta por despreciable dentro de la estadística, pues no se ajusta a mi forma de pensar; y eso que cumple con el requisito de ser un individuo cualquiera…

Y se formulan parámetros, leyes y restricciones: condiciones y letra pequeña que me hacen o no merecedor del amor de mis hermanos, ideológicamente alejados: tan alejados…

Dicen que escribir en mayúsculas, en las redes sociales, es gritar. Voy a gritar: “EL EVANGELIO NO TIENE IDEOLOGÍA”. No es de derechas ni de izquierdas y la aberración es que hemos constituido como natural el litigio entre facciones que discrepan ideológicamente en nombre del Evangelio.

Una mierda muy grande. NO. NO Y MIL VECES NO.

Si hablamos de derechas e izquierdas, de conservadores y progresistas dentro de la casa de todos, hemos colgado una lamparita roja en la puerta de las iglesias, no la confundamos con la que está en el sagrario, diciendo que es lícito prostituir el Evangelio en nombre de la pureza.