
Cuando veo los anuncios de la tele, me siento muy apreciado. Cada mensaje que se preocupa de mi salud, de la calidad del seguro de mi vehículo, de las vitaminas que tiene el champú; la cantidad de beneficiosos bífidus que tiene el yogur que necesito: las joyas tan baratas que tan bien me sentarían si las comprara pues no son sólo bellas: atraen la buena suerte y son beneficiosas para mi salud. Y, hablando de la buena suerte, me maravilla el buen rollo que comunican los adivinadores, echadores de cartas, con sus bolas de cristal. (jajá: sus bolas de cristal). En fin.
Y no puedo olvidar las bebidas que me dan alas, me hacen sentir bien; los coches que son respetuosos con el medio ambiente, los electrodomésticos que no gastan luz sino que devuelven corriente a la red eléctrica. Ufff. ¡Impresionante la empatía con el planeta!
¡Y qué caras tan felices las de los ancianos que aparecen cuidados por empresas superinteresadas en sus pisos a través de hipotecas inversas! Cuánta luz irradian sus dentaduras blanqueadas (y las blanqueadas prótesis de sus clientes).
Nooooo. Todo es mentira. No les interesamos una puta mierda. Ni tampoco el cambio climático ni la empatía global. Un carajo mu grande. Es sólo una estrategia para venderte y vender tus huesos. El dinero es lo único real. Si verdaderamente les importara algo lo que dicen ahora que es su principal motivación, lo habrían implementado antes. Pero todo es cuestión del Cash Flow.
Si. Ya sé que lo sabíais todo esto. Pero, a veces, es necesario hablar de lo evidente para que no nos acostumbremos. Es tan fácil dar por supuesto que el sol saldrá todos los días.
Y Dios, cada vez más lejos, más inaccesible, más sectario, más mudo…