Ante una situación donde se plantean alternativas, deberíamos conocer todos los factores que influyen en ambas. De ese modo, el criterio sería más acertado a la hora de la decisión.

Ayer estaba con mis niños de confirmación y, a la pregunta de qué es importante para ellos, la Buena Noticia, el Evangelio, los valores de Jesús de Nazaret no aparecían; de hecho, no estaban en la paleta de las opciones. El primer lugar donde tendrían que escuchar hablar de todo eso es en el propio hogar… Y es que los padres no pueden dar lo que no tienen. Porque tampoco estaba en su biblioteca interna esa posibilidad. A ellos, generaciones atrás, se les inculcó el éxito, el dinero, las relaciones vacías de contenido como objetivos primordiales para la mejor consecución de la existencia.

De un cubo vacío no se puede sacar nada. Si se va, además, vaciando de contenido cada valor que hace que la humanidad lo sea y no solo sea el conjunto de bípedos implumes que nacen, crecen, se reproducen y mueren, llegamos al estado de cosas que vivimos actualmente.

Se nos ha mostrado que existen dos posibilidades, por proponer algo: una vida sin Dios o con él; pero, la realidad que advierto es que no se puede elegir. Los chicos van a catequesis inercialmente por el interés de los padres, que oyeron que Dios era algo importante sin buscar sus propias razones para vivirlo; pero en ningún momento hubo un referente para tomarlo como punto de inicio y buscar su propio camino. Por ello, lo que se le cuente en una catequesis, en una eucaristía, en una convivencia, solo será ruido de fondo.

Debo felicitar a quienes diseñaron este estado de cosas. La vida sin valores, aquello que hace que una existencia valga la pena ser vivida, es un apocalipsis zombi.

Creer es iniciar un camino en el que yo voy eligiendo qué quiero ser, cómo vivir; expansivo y desconcertante. El pavimento de certezas que concurren en nuestro modo de vida, con sus vacunas para alargar esta medianía existencial, es opresivo y desmembrante: deprimente y doloroso. No puede amputar las preguntas primigenias que todo ser humano tiene en su interior y que, al no tener respuesta, hay que tratar con ansiolíticos y pastillas para dormir.

Ahora mismo, no hay opciones: eso ya lo sabías. ¿Qué vas a hacer?