Observo, es lo bueno de tener gafas pues sin ellas sospecharía, que, en múltiples aspectos de la vida, se ponen soluciones a las consecuencias y no a las causas de los problemas. En vez de trabajar por una sociedad más justa, se promulgan leyes calificadas de sociales para paliar las maldades que se generan en nuestra cultura consumista. Pondré algún ejemplo, pues no sé escribir imágenes; (ya me gustaría)

En vez de invertir en brigadas de limpieza de los montes, se emplea hasta la UME para apagar los fuegos que asolan nuestros bosques. En vez de invertir en educación, nos dedicamos a dar derechos, pues tenemos derecho a ellos, con lo que las actitudes cívicas, educadas, respetuosas van desapareciendo del imaginario común.

Advertimos de la violencia de las imágenes, en los noticiarios; y se quedan en la retina los golpes, los gritos, las injusticias… en vez de mostrar la parte mas resiliente, empática de la sociedad. Hay mucha más gente buena que cabrones: pero estos últimos hacen más ruido.

Invitamos a parroquias que tienen electrocardiograma plano a incluir en su estructura a una parte de la iglesia, digamos movimientos; de ese modo se pretende revitalizarlas. El reverso tenebroso de este tipo de ortopedia clerical es que el movimiento termina fagocitando la parroquia. Como ya he dicho últimamente, en la parroquia cabe toda la iglesia, pero, en un movimiento, sólo caben ellos.

Y así, en todos los aspectos de la vida, se van dando cuidados paliativos, que van a la consecuencia y no a la causa de las cuitas de nuestro mundo.

Más Evangelio. Más buena noticia y menos tratamientos antidegenerativos. Llega el tiempo de arrancar y plantar: de acompañar.