Pasa tantas veces que ya lo he asumido como normal. Dices una cosa y, cuando te parece, te desdices. No tiene mayor importancia pero es algo que ocurre demasiado. Puedes dar un pasito pa’lante y otro pasito patrás. Y sigo siendo yo. La posible trascendencia queda eclipsada por lo inmediato. Por ello, por esto quiero hacer algunas preguntas:
1- ¿Dónde está la intención de ser honesto conmigo y con mis anhelos?
2- ¿Dónde quedaron mis ilusiones que soñaron con una utopía de la que formaría parte?
3- ¿Qué fue del sacramento vital de amar todos los días de mi vida a la persona a la que prometí ser fiel en todo momento?
4- ¿Cuándo se me olvidó que el servicio era el motor de mi existencia?
5- ¿En qué momento la pobreza se trocó en abundancia, se me llenó el corazón de cachivaches y quedó vacío de valor?
6- ¿Cuándo empezó a ser el hábito el que hacía el monje?
7- ¿La obediencia a la regla sustituye a mi fidelidad a Dios?
8- ¿Cuándo empecé a merecerlo todo abandonando todo proyecto tras una dura vida de donación?
9- ¿Mirar a otro lado hace que desaparezca lo que tengo delante?
10- ¿Vivir el proyecto de Dios sin buscarlo con todo el corazón, con toda la mente, con todas mis fuerzas, sigue siendo el proyecto de Dios?
Si no tengo palabra, no tengo nada: No soy nada.
Si no soy palabra, soy nada.