
Conociéndome como me conozco, pesao como la mano de un novio, sigo dando vueltas a los temas que me parecen ridículos. Me he encontrado con un texto de León Felipe y ha desatado la galerna en mi alma:
“¿Quién lee diez siglos en la Historia y no la cierra
al ver las mismas cosas siempre con distinta fecha?
Los mismos hombres, las mismas guerras,
los mismos tiranos, las mismas cadenas,
los mismos farsantes, las mismas sectas
¡y los mismos, los mismos poetas!
La Humanidad, al fin, condenada a suicidarse cada vez que resucita errores que son ceniza…
Por eso, y para intentar visualizar la situación, me ha parecido bien proponerte, oh lector, un juego. Como si tú fueras quien va a apretar el gatillo. Apuntaría al enemigo y pensaría:
Me voy a reventar. Yo, que he matado a tus hermanas y padres, me voy a disparar entre ceja y ceja para escarnio público. Así quedará patente mi victoria sobre mí. Muerto, seré el trofeo. Si me capturo, me someteré a vejaciones inenarrables, torturas innombrables para conseguir que cante todo lo que sé de mí, mi más atroz enemigo.
Tú, hijo de mi madre, que tienes mi nombre y mi cara, eres un ser despreciable y voy a hacerme desaparecer de la faz de la tierra; me enterraré y echaré cal viva en la fosa. Mataré a mis hijos y a mis abuelos para conseguir la paz. Violaré a mi madre y a mis hermanas porque es lo más despreciable que se puede hacer: para robarles la dignidad, para estigmatizarlas de por vida.
Quizá si cualquiera de quienes portan un arma supieran que, al disparar, están suicidándose, quizá se lo pensarían.