“Acto, o conjunto de actos, ordinariamente desde el poder, para contener, detener o castigar con violencia actuaciones políticas o sociales.”

En esta definición de la RAE, podemos advertir que las palabras más contundentes son contener, detener, castigar: todo ello con violencia.

Hoy voy a intentar hacer memoria de los lugares donde estos verbos serían aplicables. Se me viene a la memoria una minoría, la rohingya, que son musulmanes y tuvieron la mala suerte de nacer en un país budista que no los reconoce como ciudadanos. El éxodo masivo para evitar ser exterminado es un clamor para todos los países. Creo que sería un ejemplo aceptable.

Como aceptable es la represión sistemática que sufren los palestinos, que tuvieron la mala suerte de nacer en una tierra que un pueblo dice que les pertenece por derecho divino. Con la religión hemos topado. Los judíos tienen mala memoria, como ya he comentado alguna otra vez…

Los saharauis son un pueblo que tuvieron la mala suerte de nacer en un territorio deseado por Marruecos. Eso, y no tener nada, les inhabilita para tener su propia tierra pues, estratégicamente, es interesante para el abusador.

Son solo tres ejemplos. Hay muchos más. Myammar, Israel, Marruecos… Cada uno con sus poderosas razones para borrar del tablero a gente inocente: gente que quiere lo mismo que queremos todos. Tener una tierra donde vivir en paz.

Lo curioso es que siempre aparecen las razones por las que los estados represores justifican su violencia. Los reprimidos son una amenaza terrorista para ellos. Es curioso que los más débiles sean considerados unos enemigos cuando no tienen ni capacidad ni apoyos para imaginar ser lo que sus verdugos argumentan. Hay un conflicto. Para que eso sea cierto, debería haber un contendiente. No deja de ser llamativo que los atacantes sean los que justifiquen tales razones.

En Cataluña dicen que los están reprimiendo. Es cierto. La violencia por la que se les conceden mayores prebendas para mantener en el poder al cabecilla de turno del gobierno central, incapaz de ser buen gestor de la confianza dimanada de las urnas; la represión que cacarean los partidos que son sostenidos con ayudas públicas que les permiten organizar todo tipo de actos para visibilizar un “¿conflicto?” ficticio que justifican una mentira gestada tiempo atrás para ocultar las vergüenzas de los aborígenes corruptos.

La cuestión, al fin, es que este cúmulo de actos sólo benefician a unos pocos. Nunca se habla de la ineptitud de todos los que se sienten perseguidos, con enormes sueldos y prebendas; no hay proyecto ni propuestas. Sólo el disco rayado de que tiene que acabar la represión.

Yo quiero que me repriman con un sueldo de seis mil euros, siendo subvencionado para sostener una mentira mantenida en el tiempo. Es insoportable tal horror.

Aunque lo más terrible es que se siga diciendo que hay un conflicto: los conflictos necesitan dos contendientes. Y aquí solo hay uno.

Los gobernantes mediocres solo buscan su beneficio. El pueblo que se cree sus mentiras, al fin, son complices.