Quienes ordenan entrar en guerra, aquellos que no pisan el campo de batalla, habitan sus palacios, escuchan sus mantras, gozan de los placeres que niegan a los que luchan por ellos, a los que mueren en la batalla, a torturadores y torturados… ¡Estos chicos!

¿Cómo puede ser un mal causa de bondades venideras? ¿Cómo juicios sumarísimos pueden traer justicia? ¿Cuántos cadáveres de niños traerán la esperanza al invasor?

Podría hacer muchas más preguntas de ese calibre, pero siento que no tiene mucho sentido pues, por más que la guerra ha demostrado su inutilidad para devolver la dignidad a la Humanidad, se sigue practicando: sin vergüenza, sin remordimientos, sin memoria.

Ahora es la guerra de moda que sale en la tele la que nos trae nuestros cadáveres de cada día, nuestras hambrunas que alimentan sobremesas, tras el café…

El hámster, sigue corriendo en la rueda: como si fuera a llegar a otro lugar… Me niego a pensar que, en la rueda de la historia, lo único que nos queda es llegar a las mismas causas y a los mismos resultados.