
No sé si os habéis fijado pero, en las películas de acción todo es predecible. Puede que cambie la cara del inteligente, aparentemente inocente pero abyecto archienemigo, pero la suerte está echada: en la primera película, o en la tercera si hace suficiente caja, muere. El mal nunca compensa, por mucha sangre que se haya derramado en el camino de baldosas amarillas de la riqueza y la ambición.
En las historias románticas, ocurre lo mismo; mira lo fácil que sería que, directamente, se encontraran los dos individuos (digo individuos por la presión que siento. Así no tengo que aclarar a qué constructo cultural rendir pleitesía) en los cinco primeros minutos: nos ahorraríamos los malentendidos, las situaciones grotescas y las lágrimas desgarradas que la distancia hace brotar… Para terminar, diciendo que quieren pasar todos los días de su vida al lado del… individuo.
Pero es curioso: la vida transita situaciones paradójicas; la costumbre da forma a nuestras jorobas, deformidades y bellezas a través de una pléyade de momentos: de la suma de todos ellos, nacen nuestros desencuentros, armisticios; los pecios dan fe de lo que quiso ser y que no pudimos, o no quisimos reflotar.
Todos los días. La eternidad como si eso fuera posible.
Cuando tienes una herida de una operación reciente, crees que el dolor no va a pasar nunca. Esa angustia que quema cada grapa que se clava en tu piel parece destinada a ser tu compañera. Pero se pasa. Todo el tiempo que quiero compartir mi existencia con alguien configura la eternidad de hoy. Pero hay crepúsculos que no alientan la noche, no preñan la madrugada de luces.
Hoy pido perdón por todos los errores que me hicieron despreciarme pues no sabían que, al darse, iba arrancando trozos de mí. Miro atrás y veo todos los restos del amor que no me tuve, el que abandoné pues me pareció una buena idea creer que podía amar a otro más allá de lo que me quería a mí. Si es el amor quien tiene que alentar mis días, con la ilusión de un niño el día de Reyes o de un adolescente tras el primer beso, sea: sea así todos los días. Y será el amor el que dé fruto.