En este tiempo en el que la estadística camufla el dolor, los porcentajes maquillan la negligencia y los números esconden los nombres de quienes ya no están…

En este hoy que hace que sea, toda una vida, la existencia en el último acto, cuando es sólo una ínfima parte del trayecto que nos trajo hasta aquí: Individual, creativa, sufriente y alegre; todas las facetas de un individuo que lo es desde su concepción hasta el último suspiro.

Como en un intento por aprehender los gravitones que nos atan al suelo, ensalzamos hasta la exosfera los valores de aquellos que nos van precediendo: Aquellos que deseamos que la tierra les sea leve, los que habitan en cada una de nuestras lágrimas de agradecimiento.

Y vuelvo a escribir palabras que no suenan, pero están gritando a pulmón; toco la guitarra sin amplificador, para que las notas se agarren a mis oídos y ericen mi piel; y conmuevan mis entrañas. Cierro los ojos para mirar el sol fijamente y llenar mis oscuras esquinas de su luz…

Cierta. Certera es la descripción de quien nos abandona y que relata amor en los besos, caricias en los paseos, sonrisas en las fotos.

¿Seguiremos lamentando pérdidas, resumiendo vidas, lamentando ausencias?

¿O aprenderemos a vivir hoy como el mejor día de nuestra vida, comprendiendo que todo lo bueno que veo en quien nos deja, vive dentro de nosotros?

¿Cerraremos el libro tras el último capítulo o escribiremos esperanza con los latidos de nuestro corazón?