El efecto Venturi: Eso que se estudia allá por la ESO… Lo conocí en los arcenes de las carreteras cuando hacía dedo (autostop para los no iniciados) Allí estaba yo con la mochila, pulgar en ristre, intentando que alguien me llevara un poco más delante de donde estaba. Cuando pasaba un camión de los grandes con cierta velocidad, casi te llevaba con el aire que arrastraba. Pero mucho más fuerte era el aire que venía unos segundos después: Casi te revolcaba. Eso, empíricamente, es el efecto Venturi.

Traído del baúl de los recuerdos, U U U, y expuesta la trama, sigo con el nudo. Gracias a este confinamiento tenemos tiempo suficiente para colocar las cosas en dos grupos: Las que tienen importancia y las importantes. Las que tienen importancia son aquellas que tienen que ver con la vanidad y las importantes son las que tienen en cuenta a los otros como iguales, como hermanos…

El camión gigante que nos ha pasado por delante mientras hacemos dedo en el arcén es el modo de vida que tenemos: Nos aspira y parece obligarnos a hacer todas esas cosas tan normales. Y son: Vivir para trabajar, que tenemos que desvivirnos para ganar dinero y conseguir cosas que otros fabrican, obteniendo las otras que, más allá, producen con el mismo objetivo. Y quedamos adheridos al papel atrapamoscas en el vórtice succionador del efecto Venturi. Y aumentamos nuestra capacidad de negocio, pues si no, no podremos mantener el nivel de gastos que genera nuestra actividad…

Ahora no hay actividad: Sólo somos estadística. Para contar muertos, recuperados y en recuperación. ¿Qué ha sido de todo lo que nos ocupaba la existencia? ¿Aprenderemos algo o nos montaremos de nuevo en la quimera de la sociedad de consumo? ¿Volveremos a ser anónimos vecinos o mantendremos la cordialidad, relaciones de corazón, que ahora hemos establecido, hermanados por el virus?

Lo mismo con el credo, con lo que creo y estructura mi conciencia: Me dejaré llevar por la vorágine de los tiempos litúrgicos, con su imaginería y colores, sus emotivas puestas en escena… O quizá prescinda del Venturímetro en el que hemos convertido los actos religiosos para abandonar el arcén en el que me quedé mirando, expectante, lo que otros hacían.

Es posible que haya aprendizaje. Y no vuelva al tiempo que no ha de volver para que esta siembra confinada sea semilla de una nueva forma de vida: Un Sábado Santo preñado de resurrección.